Rescatar, seleccionar y difundir lo más significativo de la correspondencia de Julio Ramón Ribeyro —en especial sus cartas a Wolfgang A. Luchting— para revelar su mirada íntima sobre la literatura, otros escritores y su vida y su propia obra.
Este proyecto busca acercar al lector a un Ribeyro más directo y humano, convirtiendo sus cartas en una experiencia viva de lectura, donde la reflexión, la ironía y la lucidez dialogan con el presente.
Wolfgang Alexander Luchting nació en Münich, en 1927, y obtuvo su doctorado en la Universidad local (1956). Enseguida se trasladó a Perú, animado por Alberto Escobar y otros amigos, y enseñó en San Marcos y la Universidad Católica durante unos seis años; luego se trasladó a Estados Unidos, donde finalmente se estableció en la Washington State University, en Pullman. Ahí comenzó su carrera como traductor al alemán de algunos escritores latinoamericanos. Tradujo varias obras de Mario Vargas Llosa, a quien en 1969 logró invitar a que pasara un semestre enseñando en su universidad, y otras de Ernesto Sabato y Manuel Puig.
De Julio Ramón Ribeyro tradujo primero algunos cuentos, elegidos por él, y luego su Crónica de San Gabriel, traducida como Im tal von San Gabriel (En el valle de San Gabriel) y publicada por la Hanser Verlag en 1964. Además, Ribeyro lo contrató como su agente, pero él mismo gestionó la mayor parte de las traducciones y ediciones de sus obras, que Luchting, eso sí, impulsó con los artículos que les dedicó y que luego recogió en sus libros Julio Ramón Ribeyro y sus dobles y Estudiando a Ribeyro. Al final, adaptó algunos cuentos de Ribeyro a la radio que había traducido al alemán. La Firestone Library de Princeton University adquirió su correspondencia y gracias a eso se conservaron estas Cartas a Luchting (1960-1993), compiladas y anotadas por Juan José Barrientos.
Las Cartas a Luchting, de Julio Ramón Ribeyro, anotadas y prologadas por Juan José Barrientos, es quizá una de las obras publicadas por la Universidad Veracruzana (UV) que han tenido mayor repercusión en los últimos años. En su blog , Carlos Villacorta anota que hace unos meses estuvo investigando en la biblioteca Firestone, en Princeton, y pudo ver las cartas que Wolfgang A. Luchting, traductor alemán y estudioso de la literatura latinoamericana, recibió de Julio Ramón Ribeyro, Mario Vargas Llosa, José María Arguedas, Enrique Verástegui, Ernesto Sabato, Manuel Puig, José Donoso y Georgette Vallejo, entre otros. La belleza de las cartas lo impresionó, “algo que se ha perdido con los e – mails ” pues, por ejemplo, Sabato escribía en papeles pequeños y muchas veces en color rojo; Arguedas en un papel muy delgado y elegante; Verástegui en un papel tamaño oficio; y pensó que sería importante publicar al menos parte de esta correspondencia. Le pareció que las cartas de Ribeyro serían las de mayor interés por la amistad entre ambos. Poco después se enteró de que éstas ya se habían publicado y que “muestran el trabajo colaborativo entre Luchting y Ribeyro por más de 30 años, entre ellos la traducción de sus libros al alemán, la función de Luchting como agente literario de Ribeyro, el trabajo de éste para colocar sus cuentos y novelas en el mercado peruano e internacional, así como sus comentarios a las novelas y eventos literarios del momento. Se alegró mucho y considera que “vale la pena leer este libro que espero siga despertando el interés por un grande de la literatura peruana”.
En otro blog leemos: “La ausencia de Ribeyro se siente más en días como éstos, cercanos a la fecha de su partida. Esta sensación aumenta cuando parecería que no queda nada más por leer de él, ante la improbable idea, al menos a corto plazo, de que se publiquen las partes faltantes de sus diarios, cartas u otros escritos póstumos”. Por suerte, “de vez en cuando se puede encontrar algo, como sus Cartas a Luchting (1960-1993) editadas el año pasado por una universidad mexicana, pues ahí encuentra los comentarios de Ribeyro sobre diversos personajes de la época y obras de otros escritores, así como interesantes revelaciones sobre sus propios escritos”. Por su parte, Jaime Muñoz Vargas considera que Ribeyro es “uno de los mejores cuentistas latinoame ricanos” y un autor al que vale la pena tener y leer completo, así sea silenciosamente”; aunque en 2003 se publicaron sus diarios, “falta mucho por publicar, republicar y estudiar sobre el narrador peruano”. Por eso le dio gusto que la UV haya auspiciado la edición de las misivas enviadas por Ribeyro al alemán Wolfang Alexander Luchting, que “no son una mera curiosidad editorial, sino otra puerta de acceso a la apesadumbrada personalidad y buena parte de la vida cotidiana del peruano y nuevas claves para e ntender mejor su obra”.
Julio Ramón Ribeyro señaló que los escritores peruanos (y, por extensión, los hispanoamericanos) se han limitado a cultivar los géneros principales —novela, cuento, poesía, teatro— y olvidan los géneros marginales o ancilares: ensayo, memorias, autobiografías, diarios, correspondencia. En consecuencia, él decidió dedicarles más atención y trató de desarrollarlos.
No dejó de señalar además las estrechas relaciones entre los diarios íntimos y las cartas de un escritor:
Exagerando un poco podría decirse que las páginas de un diario son cartas que el autor se dirige a sí mismo y que las cartas son páginas de un diario que se dirigen a otra persona. Aparte de ese tono de confidencialidad que es común a ambos géneros, la sustancia misma de que se nutren es semejante: reflexiones sobre sí mismo y sobre los demás, comentarios sobre libros o espectáculos, evocaciones y proyectos, alusiones al tiempo y a la salud física, referencia a los hechos de actualidad, descripciones de ciudades y paisajes, etcétera.
Además de publicar una parte de sus diarios, quiso hacer una selección de las cartas que le había enviado a su hermano, y su agente, Luchting, le hizo ver que sus cartas "parecen escritas con miras a una futura biografía, son cartas, 'citables', con aseveraciones profundas y literarias".
En otras palabras, Ribeyro sabía que algún día se publicarían, y yo ahora tengo el honor de dar a conocer una parte de su correspondencia.
Hace unos doce o quince años me enteré de que en la Firestone Library, en Princeton University, se encuentran las cartas que el profesor y crítico alemán Wolfgang A. Luchting recibió de Ribeyro, Sabato, Manuel Puig y otros escritores cuyas obras tradujo al alemán o analizó como crítico; incluso, algunos que simplemente conoció y procuró animar, como Gustavo Álvarez Gardeazábal, René Avilés Fabila y Marco Tulio Aguilera Garramuño. También las cartas que le envió José Miguel Oviedo, aunque estas solo se podrán leer después de su fallecimiento.
Pensé que los investigadores se apresurarían a aprovecharlas, pero no ha sido así, y poco a poco llegué a pensar que yo debía hacer algo al respecto, es decir publicarlas. Para empezar, hablé en París con la viuda del escritor, Alida Cordero, y le informé sobre las cartas, que se mostró dispuesta a publicar, por lo que luego obtuve copias, que se encargaron de transcribir algunas estudiantes y mi asistente, Victoria Estrada.
Como la Feria Internacional del Libro Universitario, que anualmente se celebra en Xalapa, tuvo a Perú como país invitado en 2014, el doctor Edgar García Valencia, que dirige la editorial de la Universidad Veracruzana, consideró oportuno publicar una antología de Ribeyro y las cartas, pero la aparición de estas se retrasó por varios motivos que no tiene caso enumerar.
Wolfgang Alexander Luchting nació en 1927, unos dos años antes que Ribeyro, hizo algunos estudios en Estados Unidos y en La Sorbona, y obtuvo su doctorado en la Universidad de Múnich, en 1956.
En el epílogo a Pasos a desnivel, Ribeyro menciona que lo conoció en París por medio de un amigo peruano y luego lo volvió a ver en Múnich, donde también estudiaba Alberto Escobar, que logró acaparar al alemán, atrayéndolo a su apartamento con la comida que preparaba su esposa, para que lo ayudara a aprender su idioma, a cambio de clases de español, mientras Ribeyro escribía su novela Crónica de San Gabriel.
Posteriormente, Luchting se trasladó a Perú, donde enseñó varios años en San Marcos y la Universidad Católica; luego obtuvo un puesto en el Antioch College (Yellow Springs, Ohio); de ahí pasó a la Universidad de Missouri, en St. Louis, y finalmente se estableció en Pullman, donde enseñó durante años en la Washington State University.
Durante su vida, tejió una amplia red de contactos, que incluía colegas como Julio Ortega, y escritores como los chilenos Jorge Edwards y Manuel Rojas, de los que tradujo El peso de la noche y Punta de rieles. También tradujo El escritor y sus fantasmas y Abaddón, el exterminador, de Sabato.
Por medio de Ribeyro conoció a Vargas Llosa y a Alfredo Bryce Echenique, de quien tradujo el cuento con que se dio a conocer, "Con Jimmy en Paracas", que incluyó en una antología en alemán, y lo apoyó después para que obtuviera la beca Guggenheim. Su traducción de La ciudad y los perros obtuvo elogios y también se ocupó de La casa verde. Invitó a su autor enseñar en Pullman un semestre, con lo que impulsó su carrera como docente, y publicó luego un libro acerca de sus obras.
En 1960 Luchting le propuso a Ribeyro que lo contratara como su agente, y Julio aceptó. Luchting tradujo Crónica de San Gabriel y se encargó de que se publicara en Alemania, lo mismo que varios cuentos.
El caso es que cada quien interpretó a su modo el contrato que ambos firmaron y desde un principio tuvieron algunas discusiones, pues Luchting pretendía que le abonara un porcentaje de lo que obtuviera por la edición que hizo Gallimard de esa novela, y Ribeyro argumentaba que él la había gestionado. Según Luchting, así son los contratos de agencia y Hanser siempre publicaba los mismos escritores que Gallimard y viceversa, por lo que la edición francesa era resultado de la alemana.
A pesar de esta controversia, Luchting le propuso luego a la Hanser Los geniecillos dominicales, y se disgustó mucho por el reporte de la lectora que rechazó la novela, una vieja "chocha" que solo conservaba su puesto porque era amiga del editor, según le explicó a Ribeyro. En general, era muy combativo, como alemán, y en sus cartas menciona varios incidentes parecidos.
Yo lo conocí casi al mismo tiempo que a Ribeyro en un coloquio sobre la difusión de la literatura alemana que se celebró en una aldea cerca de Fráncfort, poco antes de la Feria del Libro que ese año —1976— estuvo dedicada a la América Latina, y ahí leyó una ponencia sobre nuestra literatura y sus editores alemanes donde hilvanó anécdotas y comentarios que había estado recopilando durante años y que revelaban la suficiencia y limitaciones de sus compatriotas.
Recuerdo, por ejemplo, que al traducir Boquitas pintadas recurrió a modismos y a la manera de hablar en los cincuenta de una de las más importantes ciudades de Alemania, pero en la editorial le dijeron que su alemán les parecía "un poco anticuado", es decir que pensaron que como él vivía en Estados Unidos ya no sabía cómo se hablaba en esos años en su país. También mencionó que a Pedro Páramo le pusieron notas al margen aclarando de qué personaje era cada monólogo.
En sus cartas expresa muchas veces su opinión sobre los latinoamericanos y en particular sobre los peruanos, a los que veía con desconfianza y a los que se refiere muchas veces como "flojos" e incumplidos, pues "creen que el talento basta" y "son todos en el fondo amateurs", con excepción de Vargas Llosa, porque "Mario trabaja. Y tiene un talento enorme".⁴ Incluso, como buen arequipeño, solía contestar mis cartas antes de que las escribiera".⁵
Ribeyro se molestó alguna vez por algunos comentarios de Luchting, pero en general aceptaba los reproches que le hacía por no atender su correspondencia y no enviarle los ejemplares de sus libros o copias de sus cuentos que requería para proponérselos a los editores de Alemania o Estados Unidos, reseñarlos en Books Abroad y otras revistas, o simplemente para leerlos y comentarlos con los estudiantes de su universidad.
Además, escribía, como resultado, artículos para revistas de todo tipo, que luego reunió en su libro Julio Ramón Ribeyro y sus dobles. Sus cartas revelan además a un viajero que cruzaba el Atlántico a bordo del Queen Elizabeth de Nueva York a El Havre, o viajaba de España hacia el Perú en un "vapor" donde esperaba tener tiempo para traducir algún libro, o desde El Callao a Los Ángeles, para tomar luego el avión a Spokane y Pullman.
A pesar de sus comentarios adversos, pasaba sus vacaciones y años sabáticos en Perú y también iba a Europa, donde por lo general se las arreglaba para visitar a Ribeyro, a quien le pidió alguna vez que le reservara un hotel, y él le ofreció el sofá de su apartamento, donde Luchting se alojó varias veces.
En general, lograron mantener un diálogo inteligente, y hay que agradecerle a Luchting que conservara las cartas que ahora se publican y que, con las que ya se han dado a conocer, complementan los diarios del peruano.
En cuanto a la edición, opté por uniformar las fechas que Ribeyro anotaba de manera variable y a poner en cursivas las palabras y expresiones en otras lenguas, así como los títulos de los libros que menciona y entre comillas los de sus cuentos, pues él por lo general escribía todos con mayúsculas.
En algunos casos se omitieron algunas líneas, lo que se indica mediante puntos suspensivos. He procurado reducir a un mínimo indispensable las notas, que además son muy sucintas. Espero publicar luego otras cartas de Ribeyro dirigidas a Vargas Llosa, Alfredo Bryce, Abelardo Oquendo, Carlos Meneses y Gustavo Cobo Borda, así como a su amigo Federico Camino. Me falta recuperar las que Ribeyro le escribió a otros escritores, como Fernando Ampuero y Alejo Sánchez Aizcorbe, a quien menciona en una entrevista como uno de sus principales corresponsales.
Juan José Barrientos
Envía un correo electrónico a cal@ribeyro.com para obtener más información sobre el proyecto